Nuestra historia

Por qué creamos Raportify

Doce años viajando por hoteles y pensiones nos llevaron a una única observación. Cuando algo va mal, el cliente lo sabe primero — y no tiene a quién contárselo.

Lo que necesita el cliente

Un grifo que gotea, un aire acondicionado que no funciona, jabón que falta. El cliente tiene una sola opción: ir a recepción y explicárselo a alguien. La mayoría no lo hace — está de vacaciones, no quiere discutir y no quiere ser el pesado.

Solo queda una vía, y es la peor: una reseña pública en Booking o Tripadvisor. Es decir, después de irse, cuando ya no se puede arreglar nada, y delante de todos los demás. El propietario no tenía ningún canal directo para enterarse a tiempo.

Cómo hacerlo sencillo

Un código QR justo en el lugar. El cliente no tiene que buscar a nadie, hablar con nadie ni instalar nada — hace una foto, escribe una frase y ya está. Quince segundos.

Con eso desaparece también una segunda barrera de la que apenas se habla: el teléfono escacharrado entre recepción y mantenimiento. Recepción apunta que hay algo con el agua en la habitación 312, el técnico llega y tiene que averiguar a qué se refería.

Lo que diseñamos

El aviso se convierte en tarea. El sistema la asigna a una persona concreta, guarda la foto, la descripción y el lugar exacto, y se ve en qué estado está. Cuando hace falta preguntar algún detalle, se puede reenviar al cliente.

Sobre eso se acumula un historial: qué se estropea más a menudo y dónde, cuánto tarda la resolución, quién cumplió el plazo. De ahí se planifica dónde invertir el próximo dinero — según lo que realmente ocurre, no según impresiones.

Comunicación de vuelta al cliente

Antes eso significaba una llamada o una reunión en persona. Con un huésped extranjero, además, chocaba con el idioma — y la barrera del idioma es la razón por la que mucha gente no dice nada en absoluto.

Por eso la comunicación se queda en el mismo canal donde nació el aviso, y en el idioma del cliente.

Confirmación de que está resuelto

Cuando está hecho, el cliente se entera sin tener que preguntar. Ese es el momento decisivo: la diferencia entre que a nadie le importara y que alguien realmente lo haya arreglado.

Un cliente satisfecho comparte su experiencia positiva con dos personas.

Y uno insatisfecho, con muchas más. Por eso merece la pena atrapar el aviso antes de que se convierta en reseña.

Más sobre nosotros y en qué creemos

¿Quiere verlo en su propia operación?

Una reunión informal dura 15–30 minutos y repasamos en ella sus espacios concretos.